Cómo elegir un buen nombre para tu bebé.

Cómo elegir un buen nombre para tu bebé.

Buscando un poco de inspiración para escribir este artículo di con la página web babycenter.com, y en ella encontré unos consejos muy interesantes sobre cómo elegir “el nombre para tu bebé que lo tenga todo”. Según sus editores estos son las principales características que debe reunir un buen nombre:

que refleje las cualidades que quieres para tu bebé;
que sea moderno y original, pero que a la gente le guste;
honre tu identidad cultural y familiar;
y que permita a tu hijo sentirse orgulloso de su nombre, con el paso de los años.

Cualquier similitud con lo que se podría desear para el nombre de una compañía, producto o servicio, no es pura coincidencia. Y es que las marcas son como las personas. Tienen una historia que llamamos herencia; responden a una identidad cultural determinada; y quieren crecer construyendo una reputación que las preceda. Buscan agradar a sus públicos, honrar sus promesas, ser admiradas, buscadas, preferidas. Por eso el nombre -aunque sólo constituye una parte de la identidad de una marca, su expresión verbal-, es todo un desafío para los especialistas en naming y sus clientes, los papás del “bebé”.

El proceso de creación del nombre para una marca es miles de veces más arduo, dispendioso y complejo que el que deberás surtir para elegir el nombre de un niño. Porque para definir este último, en el peor de los casos, apenas tendrás que negociar o sustentar tu decisión con un reducido grupo de personas: tu pareja, tus suegros, tus propios padres y tal vez alguna tía muy creativa. Pero cuando te enfrentas a la búsqueda del nombre para una marca, la cosa es a otro precio.

Después de exprimir tu cerebro durante varias semanas, explorando diferentes caminos creativos, lenguajes, combinaciones, analogías, neologismos, términos metafóricos y todos esos recursos del oficio que te llevó años aprender, puede que tengas éxito y logres pronunciar el bendito nombre. Ahora deberás aceptar que este ya podría existir en algún lugar del planeta, en alguna categoría o industria.
Según la Clasificación Internacional de Productos y Servicios para el Registro de las Marcas, la famosa Clasificación de Niza, existen cuarenta y cinco clases diferentes que abarcan el más amplio rango posible de productos y servicios. Si quieres tener una marca con un nombre único y registrarla para que nadie más la use, deberás identificar la clase a la que pertenece o en la cual deseas obtener el registro, definir en que países quieres proteger tu nombre y asegurarte que no existe ya una denominación igual o que pueda confudirse con la tuya. Todo un proceso que exige paciencia, buenos abogados expertos en protección legal; y dinero.

Ahora bien, creaste un nombre que te gusta mucho y puedes estar tranquilo porque es factible protegerlo en la clase y el país que deseas. Estas listo para dar el gran paso: poner a prueba tu capacidad de frustración sometiéndolo a los juicios y sugerencias de los “parientes” del bebé: juntas directivas, presidentes de compañías y, aunque nunca lo confesarán, sus familias y amigos cercanos.
Todo un reto para tu capacidad de comunicar y convencer a una audiencia que no siempre está familiarizada con estos procesos de branding y que en la mayoría de los casos rechazará o aceptará un nombre por motivos que, puedes estar seguro, te resultarán un tanto extravagantes, por decir lo menos.

Tiempo de investigación, tiempo de inspiración, estrategas, creativos, abogados, todo un equipo de especialistas entrenados para lograr el nombre ideal. Ese que refleja la esencia de la marca, que comunica no sólo su promesa sino también su herencia, la cultura a la que pertenece. Ese nombre que sintetizará todo aquello en lo quieres que se convierta tu “bebé”: protagonista, seductor, confiable, atractivo, útil, imprescindible, exclusivo. Pero siempre único.
Porque en el mundo de las marcas, no hay lugar para dos “bebés” con el mismo nombre.

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