El Manifiesto del Manifiesto

El Manifiesto del Manifiesto

Desde el momento en que todo fin tiene un principio y todo principio tiene un fin, existe el Manifiesto.

Moisés fue el primer mensajero del que, tal vez, sea el Manifiesto más famoso en la historia de la humanidad.
En 10 mandamientos, un principio. Donde la voz ideológica y suprahumana, expresaba en una grilla de pétrea tipografía, valores, visiones y un inconfesable deseo de perpetuar la humanidad.

No hay Manifiesto sin iluminación ni cambio sin Manifiesto, porque de supuestos, está plagado el mundo.

El Manifiesto es un acto de valentía que rasga las vestiduras de la mediocridad corporativa y estimula a soñar lo aún no soñado, a intentar lo aún no intentado y realizar lo aún no realizado.

El Manifiesto es provocador, medular e inquietante al proponer lo no propuesto.

Es generoso, en esencia, al medir las consecuencias de lo no hecho y calcular las virtudes de lo que hay por hacer.

Es sanguíneamente contagioso para aquellos de corazón caliente y fortaleza de horizonte.

Es legalmente proclive a ser plagiado incansablemente por sus adherentes. Es un ADN formal desde la estructura e informal desde lo emotivo.

Nace para ser superado en una constante dinámica empresarial donde la superación de ayer está un escalón debajo de la superación de mañana.

El manifiesto es un abecedario del convencimiento, en donde cada palabra y frase impresa, ya estaba tatuada en la voluntad de la organización y aún no era claramente legible.

Una marca de fuego que ilustra la piel de todas las decisiones corporativas. Una marca de agua que refresca el camino a emprender.

Porque todo tiene un principio. Y en el principio está el Manifiesto.

 

ISA es un lúcido ejemplo de cómo delinear el futuro a través de su Manifiesto.
Para la organización, esta vital herramienta, es otra de las grandes conexiones que inspiran.

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